sábado, 16 de septiembre de 2017

HÁBITO Y MULTITUD

En Diferencia y repetición[1], el gran Deleuze se propone deconstruir  la subjetividad desplegando una nueva forma de pensar que desvele la diferencia: el ser como diferencia y el ser como tiempo. Deleuze toma del pensamiento de Hume[2], la dimensión de los hábitos en tanto que son ellos los que han de constituir al sujeto, pues dichos hábitos son los que tienen a los sujetos y no los sujetos a los hábitos. Por lo tanto, no se debe crear una teoría de lo que hacen los sujetos, sino que debe elaborarse una teoría de lo que hace a los sujetos.

Las dos imágenes que me propongo relacionar creo que ponen claramente de manifiesto, sin la necesidad de mayores extensiones, ese distinto hacer a los sujetos desde un hábito común generalista y repetitivo, explicando con claridad la diferente condición política colectiva que resulta, impulsada y constituida a partir de un acontecimiento repetitivo de ocupación del espacio público urbano.

Imagen 1: Una multitud ocupa las calles de Barcelona el 11 de septiembre  de 2017, celebrando la Diada y portando banderas de independentismo y reclamación de referéndum.



Imagen 2: Una multitud de tamaño casi similar ocupa las calles de Murcia un día después, el 12 de septiembre de 2017, celebrando la tradicional romería y portando las imágenes de dos vírgenes, una que abandona la ciudad después de la fiestas para retirarse a su chalet de la sierra y otra que vive muy cerca del puente y sale a despedirla.







[1] Deleuze, G. (2002): Diferencia y repetición. Madrid, Amorrortu.
[2] Hume, D. (2005): Tratado de la naturaleza humana. Madrid, Tecnos

sábado, 17 de junio de 2017

MI PADRE Y EL FICUS DE SANTO DOMINGO




Era una persona de vida sencilla con un hábito diario que la edad había convertido en obsesión: salir mañana y tarde a lo que llamaba dar una vuelta, incluyendo, en sendos itinerarios, el recorrido completo de Alfonso X hasta desembocar en plaza de Santo Domingo. Sin embargo llegó un momento en el que desgaste de la cadera le dejó recluido en su casa, reduciendo sus desplazamientos al triste y pequeño triángulo que forman: la cama, el váter y un sillón frente a la tele. El médico no quería operar, pensaba que con 90 años se entrañaban demasiados riesgos. Pasado más de un año de negativas me entrevisté con el médico, para informarle de que mi padre, en aquel  recluimiento, sufría y moría, y lo convencí de que todo riesgo era poco si existía la posibilidad de recuperar una parte de su vida pasada. La operación y la rehabilitación fueron un éxito. Y hoy con 94 años es fácil de ver, de nuevo, por Alfonso X. Paso corto pero rápido, combinado con una sorprendente agilidad de brazos en el uso de unas muletas, a las que se siente entrañablemente unido.

El Ficus macrophylla es un gran árbol siempreverde baniano de la familia Moraceae, nativo de la costa este australiana. Su epíteto específico macrophylla se deriva del griego antiguo makro "largo" y phyllon "hoja". Es una planta propia del bosque lluvioso y en la naturaleza crece con frecuencia en la forma de una epifita trepadora estranguladora (para el que no lo sepa cuando sus semillas aterrizan en la rama de un árbol huésped envía raíces aéreas que irán estrangulando el tronco hasta devorarlo por completo quedando en pie él solo). Los individuos pueden alcanzar hasta 60 metros de altura. Como todas las higueras, tiene un mutualismo obligado con las avispas de higo; los frutos solo son polinizados por estas avispas, y éstas solo se pueden reproducir en las flores del higo. Es monoico: cada árbol produce flores funcionales masculinas y femeninas. Tiene hojas largas, elípticas, aterciopeladas y verde oscuras. El tronco es macizo, con gruesos y prominentes contrafuertes en la base. Partiendo del tronco esta higuera dispone de unas espectaculares raíces tabulares, cuya función parece diversa: anclar el árbol en los suelos húmedos y poco profundos de la selva,  dar soporte al árbol, disminuir el vaivén del follaje frente a los vientos huracanados tropicales, o recoger nutrientes de los restos caídos del árbol en los rincones que las mismas raíces crean.

Pero la mayor singularidad de la higuera de Bahía Moreton (este es su nombre común),  esa apariencia de "derretimiento", se debe a la fórmula de dejar caer raíces aéreas desde las ramas que alcanzarán el suelo engrosadas en troncos suplementarios y que ayudarán a soportar el gran peso de su propio porte. Así el árbol, esa imagen tan consolidada que todos tenemos de una copa frondosa, un tronco único y unas raíces enterradas, conforme la vida de esta higuera transcurre, va dejando de ser un árbol para ser un multiarbol, un sistema complejo y extenso de copas, troncos y raíces que van colonizando el lugar donde emergen, mediante numerosas réplicas de la estructura básica inicial.

Para los indios de la India esta exhibición de energía e inteligencia, que admiran y protegen, se llega a convertir en una referencia espiritual. En el Jardín Botánico de Howrah, cerca de Calcuta, hay un baniano de 250 años, conocido como el “Great Banyan”, cuya circunferencia mide medio kilómetro y tiene cerca de 3.000 raíces aéreas.




Sin embargo los occidentales, que por su porte y talla, lo han utilizado con amplitud en parques públicos de climas templados con inviernos suaves, como las zonas costeras de España, Portugal, Sicilia o California, parece que se resisten a los puntales naturales, forzando a que persista en su desarrollo pero sosteniéndose en un único tronco. El árbol, así, permanentemente amputado de los apoyos que necesita, de entrada sufre a diario unas tensiones innecesarias y finalmente colapsa como toda estructura que recibe unas cargas superiores a sus posibilidades mecánicas.





El ficus “monumental “ de Santo Domingo, igual que mi padre, para que siga viviendo feliz solo necesita muletas, que a falta de ser propias bien pudieran ser ortopédicas, son las leyes de la naturaleza misma.




domingo, 11 de junio de 2017

ARQUITECTURA Y PRESTIGIO





Muchas de las noticias que nos van llegando suelen contener tantas calificaciones que asientan una valoración del hecho antes, incluso, de su propio conocimiento. Leemos rápido y terminamos teniendo un mayor número de opiniones que de informaciones. No obstante un elemental pensamiento crítico aconseja despejar los datos e intentar una razón propia. Desarrollaremos esta actitud con un acontecimiento actual y relevante, en nuestra disciplina, como es el proyecto de la Escuela de Arquitectura de Cartagena (y por extensión de la Región de Murcia). El lugar en el que todos los futuros arquitectos de estos territorios recibirán una formación acreditadora. La casa de la arquitectura misma.

Los hechos son que está en marcha un concurso al que se presentaron 60 propuestas y que ya se conocen los seis finalistas, entre los que, a la vuelta del verano, estará el adjudicatario último. La valoración es que ha sido un éxito de participación, que las deliberaciones del jurado han sido impecables y que cualquiera de los resultados posibles será otro gran éxito porque la trayectoria de cualquiera de los seleccionados ha acumulado el éxito que se requiere para consolidar la marca de arquitecto de prestigio. El razonamiento global sería que como las cosas se están haciendo muy bien el resultado será, en consecuencia y pase lo que pase, excelente.

Me gustaría en lo que sigue ser capaz de argumentar un análisis distinto y de explicar la tristeza que sus conclusiones me han generado, y, todo ello, sin que sea manifestación de acritud o de ofensa, tan solo pido la aceptación de una mirada propia y, a ser posible, el reconocimiento de que es fundada. Solo es el compromiso personal con una disciplina herida el que me impulsa a hacerlo.

Para poder avanzar resulta básico profundizar en el análisis de las consolidadas trayectorias de los seis estudios seleccionados. Recomiendo al lector que lo haga si tiene tiempo, solo es cuestión de ir de web en web, y si no que confíe en mis consideraciones. Vayamos uno por uno, pero intentando configurar el espacio propositivo en que cada uno se mueve, de manera que toda expansión que se produzca amplíe esa agregación de posicionamientos. Cuando hayamos terminado tendremos un lugar, una región arquitectónica que dispone de un estatuto capaz de contener todo lo producido por todos los seleccionados. Valorémoslo. Qué vemos? Vemos esa arquitectura tradicional española aun sujeta a los principios del movimiento moderno que intenta contrarrestar la carencia de riesgo y experimentación  con la eficacia constructiva, el amor al detalle minimalista y la confianza plena en la ortogonalidad. Vemos una arquitectura plácida consigo misma que desatiende cualquiera de las inquietantes preguntas que caracterizan el presente. Una arquitectura que prolonga acríticamente un pensamiento internacional fundado en el desarrollismo y la nostalgia hegemonónica.

Sin embargo si atendemos el panorama actual internacional de la arquitectura resultará muy difícil de negar que, al menos, asistimos a un debate profundo que confronta la prolongación de los principios de la modernidad con su resistencia, con pequeñas prácticas antagonistas, con la búsqueda de alternativas, con escarceos guerrilleros de profunda oposición. Tengo el convencimiento de que la arquitectura, a pesar de las enormes resistencias que se encuentra, está a punto de dar un gran salto, a punto de descargarse de la pesada carga que arrastra para inaugurar una nueva época. La arquitectura pronto consolidará una línea de fuga que la libere de sí misma para empezar a concretar prácticas reales que manifiesten un compromiso profundo, ético y cultural, con la ecología y con un nuevo futuro para nuestro planeta. Un futuro necesariamente distinto del que proyecta la prolongación inconsciente de nuestro presente. Reset modernity! que clama Bruno Latour.

Incluso diría que ese cambio irremediablemente ya se ha producido, pero quién puede discutir que al menos el debate está activo y candente. El mapa de la arquitectura hoy, de sus campos, ejes y vectores es gigantesco, está poblado de múltiples intersecciones muy tensionadas. La arquitectura hoy es lo más parecido a una erupción volcánica en plena actividad.

Así las cosas podemos concluir que en el panorama contrastan dos cartografías profundamente diferenciadas: la de un pequeño pueblo en paz que reúne arquitecturas familiares, con la de una metrópoli que contiene el palpitar eruptivo. Desconozco, aun, si entre las sesenta propuestas que se presentaron al concurso habría sido posible seleccionar un eco de la discusión candente que pudiera ofrecer un repertorio más rico y diverso, pero, a tenor de las determinaciones del jurado, creo que ya no cabe duda de que la voluntad universitaria cartagenera ha dejado claramente manifestada su posición ideológica, y que se dirige inexorablemente hacia una configuración espacial en la que muchos arquitectos serán formados de acuerdo a un orden demasiado rígido para unos tiempos tan flexibles.





domingo, 21 de mayo de 2017

CUERPOS DE YESO





Situación 1.

En una noche del lejano año 79 el Vesubio inició una repentina actividad y grandes cantidades de lava y ceniza se deslizaron por sus laderas inundando todo cuanto encontraban en su descenso. Y así será cómo la ciudad de Pompeya se quedaría suspendida en el tiempo para siempre.

En 1858 el arqueólogo Guiseppe Fiorelli, contemplando la lava que aun cubría Pompeya, tiene la feliz idea de introducir yeso líquido a través de las cavidades abiertas en la superficie, intuyendo que en el interior de la lava deben quedar los huecos de los cuerpos, completamente descompuestos por el paso de los siglos, de los habitantes sorprendidos por la erupción del volcán.

En el verano del 2015 el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles organiza una magna exposición que, a través de numerosas piezas, pretende poner de manifiesto la constante y poderosa influencia cultural de la mítica ciudad; complementándose con una instalación, denominada “Raptados en la muerte” y diseñada por el arquitecto Francesco Venezia, en la que se exponen hasta 30 relieves de las primitivas victimas sobre un fondo negro. Unos falsos cuerpos que sin embargo expresan, en su inalcanzable plasticidad, un icónico sentido de la tragedia.




Situación 2.

Todo el año  1911, cuando Le Corbusier contaba con 24, lo dedica por completo a viajar. Recorre Viena, Rumanía, Turquía y Grecia, para terminar en Italia. Un grand tour, fiel al estilo instituido por Richard Lassels en 1670 en su obra “El viaje a Italia”, y cuyo recorrido por Italia, siguiendo las recomendaciones de Goethe, que también publicó su propio Viaje a Italia, concluyó en Pompeya. Y allí que llegó el joven LeCorbu, con su cuaderno de viaje y con su afán de arquitectura, para hacer un dibujo esquemático del foro al que incorpora el siguiente texto: (las columnas a contra luz son “añadidas” / para explicar el espacio.

Ahí tenemos al arquitecto que gobernará la arquitectura del siglo XX manifestando su inquetud por el espacio, por su configuración, por su apropiación, por su conceptualización. Podríamos estar en un momento instituyente de una  nueva era espacial, ajena al genius loci, la del espacio moderno.  

Pero lo que quizá no sepa Le Corbusier es que las montañas del fondo de su dibujo, esas de las que parece desentenderse, son las de la Costa Amalfitana, que por su interés natural y cultural serán declaradas por la Unesco, en 1997, Patrimonio de la Humanidad.






Situación 3.

En una luminosa mañana de mayo de 2017 Juan Antonio Sánchez  Morales (es decir yo), con 57 años y aún de Erasmus, visita Pompeya. Como no pudiera ser de otra manera, también queda perturbado por la intensidad de la experiencia y sorprendido con agrado de que una gran parte de la ciudad se hay dejado sine excavar, ofreciendo una clara imagen de la capacidad reconstructora de la propia naturaleza que contrasta con el grosero hormiguero humano que escudriña lo revelado.

Ese mismo día, pero por la tarde, se dirige a Cetara, una de las localidades con más encanto de la Costa Amalfitana, se recosta en la playa y empieza sentir un elevado ritmo cardiaco, vértigo, confusión, palpitaciones, … Busca explicaciones y duda. Bien pudiera ser los efectos propios del sindrome de Stendhal. Pero también pudiera ser efecto de una súbita violencia antropocena acelerada con softwares de edición digital.



Fuese lo que fuese el caso es que allí quedó también inmovilizado para siempre.